La
empatía es muy importante para el desarrollo de nuestros hijos y de nosotros
mismos ya que es una de las bases emocionales para amar y socializarnos.
Es
la capacidad de escuchar, entender y mostrar apoyo a las personas. Nos ayuda a
resolver conflictos, a ser más respetuosos y a sentirnos mejor.
En la sesión realizada en el cole leímos y reflexionamos sobre el cuento del “puñado de palitos “ que a continuación os dejamos para compartir en familia. Además os pasamos un corto sobre este tema.
CUENTO "EL PUÑADO DE PALITOS"
Érase una vez un buen hombre que se ocupaba
de las labores del campo. Toda su vida se había dedicado a labrar la tierra
para obtener alimentos con los que sostener a su numerosa familia.
Era mayor y tenía varios hijos a los que
sacar adelante. Todos eran buenos chicos, pero cada uno tenía un carácter tan
distinto que se pasaban el día peleándose entre ellos por las cosas más
absurdas. En casa siempre se escuchaban broncas, gritos y portazos.
El labrador estaba desesperado. Ya no sabía
qué hacer para que sus hijos se llevaran bien, como debe ser entre hermanos que
se quieren. Una tarde, se sentó junto a la chimenea del comedor y, al calor del
fuego, se puso a meditar. Esos chicos necesitaban una lección que les hiciera
entender que las cosas debían cambiar.
De repente, una lucecita iluminó su
cerebro ¡Ya lo tenía!
– ¡Venid todos ahora mismo, tengo algo que
deciros!
Los hermanos acudieron obedientemente a la
llamada de su padre ¿Qué querría a esas horas?
– Os he mandado llamar porque necesito que
salgáis fuera y recojáis cada uno un palo delgado, de esos que hay tirados por
el campo.
– ¿Un palo? … Papá ¿estás bien? ¿Para qué
quieres que traigamos un palo? –dijo uno de ellos tan sorprendido como todos
los demás.
– ¡Haced lo que os digo y hacedlo ahora! –
ordenó el padre.
Salieron juntos en tropel al exterior de la
casa y en pocos minutos regresaron, cada uno con un palo del grosor de un lápiz
en la mano.
– Ahora, dádmelos – dijo mirándoles a
los ojos.
El padre cogió todos los palitos y los juntó
con una fina cuerda. Levantó la vista y les propuso una prueba.
– Quiero ver quién de todos vosotros es
capaz de romper estos palos juntos. Probad a ver qué sucede.
Uno a uno, los chicos fueron agarrando el
haz de palitos y con todas sus fuerzas intentaron partirlos, pero ninguno lo
consiguió. Estaban desconcertados. Entonces, el padre desató la cuerda que los
unía.
– Ahora, coged cada uno el vuestro y tratad
de romperlo.
Como era de esperar, fue fácil para ellos
romper una simple ramita. Sin quitar el ojo a su padre, esperaron a escuchar
qué era lo que tenía que decirles y qué explicación tenía todo aquello.
– Hijos míos, espero que con esto haya
podido trasmitiros un mensaje claro sobre cómo han de comportarse los hermanos.
Si no permanecéis juntos, será fácil que os hagan daño. En cambio, si estáis
unidos y ponéis de vuestra parte para apoyaros los unos a los otros, nada podrá
separaros y nadie podrá venceros ¿Comprendéis?
Los hermanos se quedaron con la boca
abierta y se hizo tal silencio que hasta se podía oír el zumbido de las moscas.
Su padre acababa de darles una gran lección de fraternidad con un sencillo
ejemplo. Todos asintieron con la cabeza y muy emocionados, se abrazaron y
prometieron cuidarse por siempre jamás.
Moraleja: cuida
y protege siempre a los tuyos. La unión hace la fuerza.
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